Educabilidad en tiempos de incertidumbre

En los tiempos que nos toca recorrer, donde la pandemia parece estar en una meseta que nos da la impresión de que todo ha pasado, pero que al mismo tiempo, nos recuerda permanentemente, mediante los medios de comunicación, que la tranquilidad solo es sensación, nos vemos inmersos en la cuestión de los comienzos de las clases. Fenómeno no poco complejo, pues educar a nuestros hijos y a nuestros alumnos es una tarea que va a requerir de una complejidad semejante a la del año pasado, con mucho esfuerzo, interés, deseo, y por sobre todo, significatividad.

Actualmente debemos ocuparnos de nuestro trabajo, de mejorar nuestra economía familiar, de intentar retomar el trabajo que antes realizábamos con frecuencia o el que ahora nos toca hacer debido a la situación imperante. Pero ¿qué significa educar en la significatividad? significa acercarnos al deseo de los individuos. Darle y buscar el sentido de los contenidos que se desea impartir, tema por tema.


Normalmente solemos dejar a nuestros hijos en la escuela para educarse y, en la casa, le enseñamos los valores y aquellas cosas que suponemos le van a hacer falta en la vida. Pero muchas veces olvidamos que las cosas más importantes que hay para enseñar a nuestros hijos corre por cuenta del relato cotidiano que les permite escuchar la voz de los que los aman, dando valor al proceso de aprendizaje y al proceso de la vinculación con el otro.

Entonces podemos pensar que las cuestiones vinculadas a la educabilidad, entendida ésta como la capacidad de una persona de educarse en un entorno, que suponemos el mejor posible, va a depender en gran medida, no solamente de la tarea de los docentes, sino de lo que para nosotros representa el hecho de aprender determinadas cosas o de conocer determinadas cosas que ni siquiera conocemos pero que igualmente supone un respeto superlativo que da valor al trabajo de aquellos que se dedican vocacionalmente a la docencia.

Por lo tanto resulta dable pensar acerca de la transmisión del relato educativo junto a nuestros hijos, quienes escuchan de primera fuente, e incluso la más importante, decir acerca de aquello para lo cual existen las escuelas, o sea, aquello que le da sentido al hecho del aprendizaje, no como una obligación sino como un ejercicio de derechos que permite luego el ejercicio de la libertad, la responsabilidad, la moral, las buenas costumbres y los conocimientos necesarios para avanzar en relación a lo que se desea en la vida y que da un lugar existencial en una sociedad para la cual las escuelas, en alguna medida, intentan formar.

Entonces nos debemos permitir pensar, cuando nuestros hijos no quieren ir a la escuela, ¿qué es lo que le ha ocurrido a la significatividad que nosotros le estamos dando al proceso?.

Dar lugar a los cuestionamientos es una de las formas más profundas de replantearnos y hacernos cargo de lo que podemos y al mismo tiempo reclamar aquello que creemos nos hace falta. Pero el ejercicio mismo de pensarnos va a permitir tomar un lugar distinto de la queja y ejercitar un posicionamiento responsable de lo que nos sucede.

Lic. Adrian Smulovitz
MP 2551
Te. 3865604836

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