El arte de la involución

Hoy la devaluación es un arte. El argentino parece por estos tiempos esmerarse en sus modales diversos. Decimos que es un arte, por que los que expresan hoy modismos que parecen normales, se esmeran cada vez más en sumarle acciones a un sociedad que habla de códigos y valores solo para llenarse la boca o tener algo que escribir en redes sociales, dónde la vidriera mentirosa abunda con sus expresiones lejanas a la realidad y en gran proporción, va generando un patrón que termina en el conformismo absoluto.

Cuando hablamos de involución, nos referimos a situaciones básicas de convivencia: acatamiento a normas de tránsito, cuidado de la higiene en los espacios abiertos y cerrados de orden público, gestos para con los más necesitados, entre ellos discapacitados, ancianos y niños, como así también mansedumbre en momentos de colapsos, por ejemplo cuando hacemos una simple fila para ser atendidos en cualquier servicio.

Hay dentro de esa misma involución, dos acciones que culmina con la faena de una cacería de antivalores: el insulto y por decantación la violencia. Dentro de los improperios y la agresividad, habita una incapacidad en una sociedad que lejos de buscar crecer y respetarse a sí misma, comulga con gran parte de los “consejos” que le da parte de los medios de comunicación. Todo arrancando por dar un ejemplo, con la sola acción de ver algunos programas de la televisión que inducen a cometer acciones que lejos de lo normal. Por sobre todo, es una elección pertenecer a ese grupo social, que nada tiene que ver con lo sociocultural y menos con el patrimonio económico.

En Tucumán, hoy, habitan en gran cantidad estos “artistas”. Actúan en cada esquina cuando no ponen una simple luz de giro cuando conducen sus vehículos. Son los que suben al transporte de pasajero y no le ceden el asiento a un anciano y hasta una embarazada se puede hasta quedar parada. Les gusta ver la paja en el ojo ajeno y hablar de algo que no hacen.

Si en lo simple no pueden estar a la altura, si se les da algo más complejo, el equivalente es pedirles una diversidad de casos imposibles.

Por Patricio Guzmán

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