Entre prioridades y aduladores

En los tiempos que corren y con prioridades más urgentes en materia salud, educación, obra pública que evite el avance de desastres naturales y buscando mejorar la calidad de vida del medio ambiente, es paupérrimo ver que parte de una dirigencia tucumana se duerme en los laureles con flojos decretos que rondan la adulación y la total pérdida de tiempo en proyectos que no le mueven la aguja a la temperatura de una sociedad que está al borde del colapso socio-económico.

Hoy, con la Pandemia y la falta de dinero que golpea los hogares tucumanos, el Jardín de la República se asoma como líder de una estadística que asusta: la de ser la provincia más insegura del país y una con mayor índice de pobreza. Un combo que hace tambalear las instituciones, que atropella la moral y que indigna. Un combo peligros. Fatal.

Es difícil ser objetivo cuando las miradas se desvían con espejitos de colores. Es imposible evolucionar cuando se cree que es más importante justificar un sueldo dirigencial con proyectos que cuyo fin sea meterle una vez más la mano en el bolsillo a la gente para que pague por algo que no es perecedero. Es difícil tolerar tanta muestra de inoperancia cuando los que conducen sectores claves de la política tucumana se pasean campantes sin ser auditados en su labor, sin que se les revise patrimonios y menos paguen por no poder rendir cuentas, ni aclarar gastos.

Es inaceptable tener referentes de la política que no resisten un archivo, que saltan de baldosa en baldosa y se “timbean” sus valores políticos en las mesas de sus conveniencias. Los mismos, tiene un pasado de dudoso crecimiento patrimonial y de notable carencia de cultura, creatividad y lo peor, credibilidad. Sin olvidar los que condenados a un pasado, lucieron los colores de la oscuridad de un Tucumán donde reinaba el paso de las botas opresoras y la desapariciones.

Es menester que para que Tucumán sea un suelo digno de habitar que el peso de la ley no sea liviano, esquivo y mire para otro lado. Mucho menos, que la Justicia, venda su balanza y su espada para seguir el camino del desequilibrio y la falta de armas que el pueblo le da como arte y parte de su labor protectora.

Sin esas prioridades y creyendo que en hacer aduladores homenajes pos morten cuando se busca rotular plazas, calles o descubrir placas, está justificada la labor, es imposible evolucionar y pedirle a nuestra actual dirigente que esté a la altura humana, moral y laboral de un sociedad que pide a los gritos que dejen de ser solo expresiones llenas de mediocridad.

Pensando y actuando como una provincia chica (no por dimensión geográfica) el futuro se asoma con más sombras que luces.

Por Patricio Guzmán.

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