Muchos (me incluyo en primera fila) nos comimos en sapo de que la pandemia sacaría lo mejor de nosotros. Pero no advertimos que entre lo peor, al aparecer la tan ansiada vacuna contra el maldito Covid-19, la política se encargaría de direccionarla para donde se le antoje, luego de vacunar a parte del personal de la salud, sin olvidar que en muchos casos no estuvo a la altura de acompañar a los laburante de la trinchera en materia logística.

Todo lo realizado fue y es poco. Se le da más presupuesto a expresiones divisorias de paupérrimos objetivos, que no tiene otro fin que seguir llevando como ganado a los que aplauden a sueldo y lo peor, defienden lo indefendible. Son “ciegos” con poder que guían “ciegos”. Que ni el bastón blanco de la pura honestidad pueden llevar con dignidad y menos saben usar el braille comunicacional para hablar una lengua que los haga estar a la altura. Ellos saben que lo que hicieron y hacen es deplorable por donde se lo mire. Que la incapacidad se les nota a leguas, como la falta de un mea culpa que los haga apagar la luz e irse por las sombras, pero jamás por el olvido de lo impune.

Son dirigentes votados, otros elegidos a dedo y lo peor, puestos como títeres manejables, que se mueven con libertad pero al mismo tiempo son conducidos por una cabeza mayor que al verlos expuestos les sueltas la manos en forma desentendida, intentando no quedar pegados cuando en realidad están socialmente destrozados. También hay enfermos crónicos del poder, que camión mediante atropellan todo lo que se les cruza. Que pisan cabezas cual césped de un country dónde se ocultan de todos, pero no de la inmoralidad campante que los sigue por la eternidad como la camorra a sus deudores.

Muchos, tenemos nuestros queridos viejos preguntándonos cuándo les toca una vacuna que les un poco más de crédito de vida aunque sea en la salud, ya que la enfermedad económica los mató hace rato por culpa de un pico inflacionario irreversible. Muchos ya no tienen ni la posibilidad de que sus padres les pregunten, por que en vez de salir por la puerta de las altas de los hospitales, tuvieron que ser embolsados y sin la posibilidad de ser vistos por su gente, corrieron peor suerte, partiendo hacía la morada final.

Estos inservibles de cuarta fueron, son y serán así. Aplastan sus sucias suelas de zapatos costosos en una alfombra roja color sangre, mientras abajo el pueblo se jode y se muere.

¿Nombrarlos? Creo que cada uno sabe a quién le queda el poncho.

Por Patricio Guzmán.

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