Mensaje de Cuaresma de Nuestro Padre Obispo Meliton Chavez

Concepción, Tucumán, 15 de Febrero de 2021

Queridos hermanos:
Estamos iniciando ya esta cuaresma del año 2021. Es la oportunidad que los cristianos tenemos para prepararnos para vivir con sinceridad y fructuosamente el Misterio de la Muerte y Resurrección de Jesús como fuente y cumbre de toda nuestra vida personal y comunitaria.
El Santo Padre nos señala esta vez la necesidad de renovarnos en la Fe, la Esperanza y la Caridad como fundamento de nuestro ser bautizados
Los cuarenta días de nuestra cuaresma son un modo de imitar a nuestro Señor que quiso entrar al desierto para ser probado experimentando en su propio cuerpo nuestra fragilidad, hasta el punto de ser tentado fuertemente por el mismo Satanás. Lo hizo por amor a cada uno de nosotros, fue un acto verdaderamente solidario con la humanidad que diariamente debe enfrentar el mal en todas sus dimensiones y a menudo se siente impotente ante esa trama oscura y densa del pecado personal y social que la asedia.
Nos dice la Escritura que Jesús venció al ser tentado, y que lo hizo aferrándose a la Palabra del Padre marcándonos así el camino para afrontar nosotros, a diario, nuestra lucha contra el mal: el camino del ayuno, la caridad y la oración.
Vivamos así esta cuaresma renovando la fe, la esperanza y la caridad.
Nos toca vivir un tiempo inédito en la humanidad, en el que la pandemia puso de relieve la unidad de todos los pueblos que sufren una misma amenaza. Todos frágiles, todos vulnerables. Pero a la vez puso de manifiesto heridas profundas guardadas en los corazones de los pueblos que hablan de la distancias y desigualdades que los hombres engañados por el mal instalamos en el mundo. Los pueblos sumidos en pobreza extrema, las discriminaciones sociales, religiosas, raciales parecen no acabar. Así, las acciones de grandeza y solidaridad que seguramente también aparecen, se han visto opacadas por las mezquindades de personas y sistemas que no tienen como centro a la persona humana y su bien integral, sino los intereses políticos y económicos que parecen haberse enraizado fuertemente en la cultura actual.
Por eso esta cuaresma tiene que ser para nosotros la oportunidad de dar un gran paso hacia la fraternidad. Todos hijos, todos hermanos.
Aquí, en nuestro medio nacional o provincial, también estamos asistiendo a una caída notoria de los valores de la paz, de la justicia, de la verdad, del respeto por la vida humana. No podemos conformarnos diciendo que siempre ha sido así, porque nos damos cuenta que el mal personal y social está ganando cada vez más terreno. Y no podemos permitirlo.
Pero, como dice una canción “la lucha es de igual a igual, contra uno mismo, y eso es ganarla”, porque si no nos miramos por dentro, creeremos que son los otros los que deben cambiar solamente. Es urgente trabajar para que todo cambie para bien. Los cristianos y toda persona de buena voluntad sabe que esa lucha comienza siempre con uno mismo.
El camino espiritual de la cuaresma es el de siempre:
“El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.” (Francisco, Mensaje para la cuaresma 2021)
Nuestra conversión, para que realmente de frutos de vida nueva y que tenga impacto en la realidad que nos rodea, deberá ser una renovación profunda en el fundamento de nuestro ser cristiano. Eso es lo que esperamos vivir en esta Pascua.
Nos lo dice el Papa: “La fe nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas. La esperanza como “agua viva” que nos permite continuar nuestro camino. La caridad, vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza.”

Los invito, hermanos a que hagamos juntos este saludable camino de conversión, lo necesitamos para renovar la esperanza y adquirir mayor valor en nuestra lucha diaria para hacer presente el Reinado de nuestro Dios. SIGAMOS SEMBRANDO ESPERANZAS.

Que nuestra Madre Inmaculada y su esposo San José nos acompañen con su intercesión y su ejemplo de fe sencilla y concreta.

Monseñor José Meliton Chávez Obispo de la Diócesis de la Santísima Concepción

           

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