Las redes sociales se cruzan en diálogos que apestan. La mayoría de los que eligen las redes para confrontar en escrituras llenas de mala intención, absurdos, burlas, falacias y otras yerbas. Todo en torno a una pandemia que en su segunda ola sacó los trapos al sol de las enormes fallas que tiene la logística del Gobierno Nacional. La falta de control, los desbordes en lo que respecta al sistema ocupacional de salud, sumado a la falta de vacunas para asistir a la población total, nos tiene presos de incertidumbres que se desbordan el recipiente de nuestra economía.

Un Código Negro, la falta y/o pérdida de trabajo, sumado a la incógnita de no saber cómo calmar la ansiedades de los que andan por la vereda de la inconstancia, tiene en vilo a parte de una población que si bien respeta los protocolos, también tiene que parar la olla trabajando y no recibe nada arriba. A todo ese virus de sentires encontrados, se la suma la inseguridad reinante.

Vacunatorios Vip, simulacros de vacunación, barbijos ausentes o mal puestos y fiestas clandestinas, hacen de un combo impune la mayor expresión de la inmortalidad campante. Todo con los trabajadores de la salud mal pagos, desvalorizados y en algunos casos maltratados. Para colmo de males, la UTA, con sus expresiones arribistas, se aprovecha del peor momento de la humanidad en los últimos años para sacar redito y parar el transporte, sin que se les caiga otra idea y menos sin pensar en los cientos que deben movilizarse con urgencias.

Argentina hoy tiene esas expresiones. Son parte de otro virus que no parece tener vacuna. Que enferma con odio, despotismo, división y agresividad. Es parte de un ADN que nos hace estar en la mayor oscuridad de nuestras miserias.

Por Patricio Guzmán

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