Un 9 de Julio violento

Lejos del verdadero espíritu que encierra los 9 de Julio, hace tiempo que una de las fechas más emblemáticas de la historia de nuestro país es vulgarmente usada para la política oficial y por sobre todo y todos, para continuar agrietando más la división que reina entre los que no piensan como el gobierno de turno.

Dentro de ese maquillaje que Tucumán intenta mostrar ante el Presidente Alberto Fernández, el oficialismo esta vez no pudo lavarle la cara al bochorno más grandes de la historia que brindó el festejo patrio. La violencia, los desmanes y el actuar poco profesional de parte de la policía tucumana que custodió el acto, mostró sus hilachas más vulgares. Si decadencia. Su poca capacidad de oficio cuando es puesta en aprietos por simples manifestantes. Imagínense si fueran delincuentes o barra bravas los que movilizaran su accionar. Si en algo menos complejo no pudieron hacer pié, en algo con mayor experiencia se ahogan en la orilla.

Con soluciones que incluyeron golpes de ambos lados, insultos y una bajada de línea para que la cúpula presidencial no reciba ninguna expresión de disconformidad, Tucumán se llevó todas las miradas en medio de enormes desmanes y algunos que hicieron silencio y limitados por la chequera de turno prefirieron mirar para el costado. Con el condimento de perder una oportunidad histórica en el peor momento de la humanidad que la memoria de estas generaciones se permiten recordar, Fernández no supo cerrar los eslabones de una cadena donde la Argentina divide sus fuerzas entre los que lo siguen por convicciones, los que lo hacen por favores y los que le dan la espalda.

Es paupérrimo ver cómo un sistema en su todo arma una logística de conveniencia para no mostrar los parches de un Tucumán donde la inseguridad, el desempleo y la Pandemia reinante se lleva las tapas de las noticias. Donde varios funcionarios se abrazan a la justicia de turno para evadir ser auditados y se pasean campantes sin ser revisados en sus labores y menos en sus patrimonios. Los golpes en un 9 de Julio son más que agresiones donde se naturaliza la violencia. Son el botón de muestra de parte de una sociedad que “baila conos más fea” y que llegó a un hartazgo y lo peor, la pérdida de la paciencia para tomar el camino errado de cerrar sus manos para golpear a los que son mandados a reprimir.

Tucumán, en su sociedad dónde las caretas no logran tapar las arrugas de sus problemas más viejos, tiene una realidad invertebrada y cava un pozo para tapar otro. No logra hacer pié y se sigue ahogando en sus propias falencias de un pasado que nunca fue mejor y de un presente que (lamentablemente) no logra brindar buenos augurios para el mañana.

Por Patricio Guzmán

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