Una profesión profundamente ética

Septiembre es, sin dudas, el mes en el que se reconoce el rol de los educadores y las educadoras. Hoy, 17 de septiembre, se celebra el día del profesor en memoria de José Manuel Estrada (1842-1894), uno de los grandes pensadores argentinos que no solo se destacó en el ámbito educativo sino que también realizó contribuciones al campo de las letras, la oratoria, la historia, el periodismo, la filosofía y la política.

Mucho podría escribiese de Estrada, pero esa no es mi intención. Me gustaría esbozar algunas ideas de lo que implica enseñar y ser profesor, pero no desde esa mirada romántica y que muchas veces nos categoriza como aquel o aquella que «deja su vida» en las aulas. No. Asumo al rol docente desde una mirada ética, es decir, desde ese compromiso ético y político que se asume con y para otros y otras en la construcción de una sociedad más justa.

En primer lugar, y en consonancia con que plantea Alliaud (s/f, p. 11), sostengo que enseñar hoy ya no puede entenderse como “aplicar” o bajar lo aprendido en la formación inicial al espacio del aula. «Enseñar hoy es, ante todo, probar, experimentar, crear, inventar, innovar, re-crear en situación. Es saber moverse en el desconcierto e incertidumbre que generan las escenas escolares actuales, sin quedar paralizados y poder seguir aprendiendo”; más aún si lo analizamos desde nuestra realidad.

En segundo lugar, pero ello no implica que sea menos importante, debo referirme a como hemos idealizado un modo de ser docente, sacralizando ese rol y perdiendo de vista que también está atravesado por cuestiones sociales, culturales, económicas y políticas, ¿acaso no hemos experimentado todas esas transformaciones?, ¿Por qué el rol docente habría de estar exento a desplazarse?. Incluso he oído a muchos/as jactarse de profesionales de la Educación y expresarse así: «a mi no me pagan para eso»… ¡Cuánto me ha molestado y movilizado escuchar esas palabras!

«¿Bien?» , «No, no está bien» (algunos/as recordarán ese momento), ser un profesional de la Educación demanda de un compromiso ético y político,  donde interviene un otro y una otra que espera algo de vos, una enseñanza, una palabra de aliento, un oído cómplice, una voz que marque un límite, que ayude a reflexionar y reconstruir su presente… que anime e invite a transformar(se), a pensar en otros mundos posibles. Más allá de la enseñanza formalizada de una disciplina.

Podría seguir enumerando muchas otras situaciones, pero no pretendo ser muy extenso, solo quiero finalizar este escrito con una invitación a replantearnos constantemente sobre el rol docente. Que este dia no solo sea de festejo sino también para cuestionarnos sobre qué tipo de docente somos y qué docente queremos llegar a ser, qué enseñamos y cómo lo hacemos, sin perder de vista el compromiso que la profesión requiere…

Hago propias las palabras de Fullan, M.H (s/f) al expresar que “la docencia es una profesión emocionalmente apasionante, profundamente ética e intelectualmente exigente, cuya complejidad solamente es vivida por quienes suelen poner el cuerpo y el alma en el aula.”

¡Feliz Día!

Prof. Simón Robles
roblesasd@gmail.com

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